
Cosmética con sentido
Sentido en su doble acepción: lo que percibimos —el tacto, el aroma, la textura— y lo que razonamos. Si no sabemos decir por qué algo está en una fórmula, probablemente no debería estar.
Baja intervención
Preferimos materias primas poco transformadas, obtenidas por procedimientos sencillos —el prensado en frío, la destilación, la maceración— que conserven en lo posible su carácter original. No es un dogma: baja intervención significa intervenir solo lo necesario, no negarse a intervenir. Cuando una innovación científica aporta un beneficio demostrado, tiene sitio en nuestra mesa.
Una despensa pequeña
Nuestra despensa es deliberadamente pequeña. Preferimos conocer a fondo unas pocas materias primas extraordinarias antes que acumular ingredientes de función parecida. Tres aceites que hacen lo mismo no suman tres beneficios: suman complejidad. Por eso nuestras listas de ingredientes se pueden leer, y entender.
Tradición y modernidad
En la despensa conviven, sin contradicción, materias de larga tradición —aceite de oliva virgen extra, almendras dulces, jojoba, ricino, aguacate, karité, hidrolatos de lavanda, rosa, azahar y té verde, aloe vera— y activos modernos con respaldo, como la niacinamida, la vitamina C en formas estables, el ácido hialurónico, la coenzima Q10 o el pantenol. A todos les pedimos lo mismo: una función clara y un motivo para estar.
Rigor antes que relato
Natural no quiere decir inocuo. Muchos aceites esenciales y extractos vegetales contienen alérgenos reconocidos, y la tolerancia depende de cada persona y de cada fórmula. Por eso los productos con fase acuosa (agua o hidrolatos) llevan conservantes admitidos en cosmética natural certificada, en la mínima cantidad necesaria, y los productos totalmente oleosos, sin agua ni hidrolatos, no los llevan. Elegimos cada conservante y cada emulsionante con el mismo criterio que el resto de ingredientes, y describimos lo que hacen nuestros productos, no lo que nos gustaría que hicieran.

«No elegimos un ingrediente porque sea antiguo. Tampoco porque sea moderno. Lo elegimos porque tiene sentido.»Filosofía de formulación
Las preguntas que nos hacemos
- 01¿Qué función cumple?En la fórmula y en la piel, de forma concreta.
- 02¿Hay ya algo que la cumpla?Y si lo hay, ¿qué aporta de más?
- 03¿Qué lo respalda?Evidencia razonable, no solo tradición o moda.
- 04¿Está poco transformado?Si no lo está, ¿lo justifica un beneficio demostrado?
- 05¿Es estable y bien tolerado?En el conjunto de la fórmula y en la concentración prevista.
- 06¿Podemos seguir su origen?Calidad y trazabilidad lote a lote.
- 07¿Se aprovechará?En más de una fórmula, sin quedarse olvidado en la estantería.
- 08¿Sabríamos explicártelo?Con palabras sencillas y honestas, por qué está ahí.
Reducir no es empobrecer. Una fórmula no es mejor por ser más corta: lo es cuando cada uno de sus ingredientes cumple una función que ningún otro cubre.
Tu piel se merece
Tu piel es lo que te delimita y te protege del entorno y, al mismo tiempo, lo que te permite percibirlo y entrar en contacto con los demás y contigo misma.
Por eso Sensus Naturalis te invita a cuidarla de un modo consciente y sensitivo, disfrutando de cada textura y cada aroma.
Tu piel se merece que la atiendas con todos tus sentidos y con todo tu sentido.
Envases de vidrio ámbar
Usamos vidrio porque permite la reutilización, el reciclaje y la esterilización, y ámbar porque protege el contenido de la luz.
Conservación
Donde hay agua, pueden crecer microorganismos. Por eso todos los productos con fase acuosa (agua o hidrolatos) incorporan conservantes admitidos en cosmética natural certificada, siempre en las mínimas cantidades. Los productos totalmente oleosos, sin agua ni hidrolatos, no los llevan.
Cómo cuidar tus productos
Guárdalos lejos de la luz directa y del calor y úsalos en las semanas próximas a su elaboración. Si tu piel es sensible, prueba antes el producto en una zona pequeña.